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TLAMATINI
MATERIALES PARA LA TRANSFORMACIÓN
DE LA ENSEÑANZA
Y LA CULTURA
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| observando las estrellas Codice Mendocino |
Febrero de 1989 numero 6
Coordinación: Armando Blanco
Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Oriente, UNAM
EL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI
Recopilación: ABP
INTRODUCCIÓN
El mito de la lucha cósmica entre el sol, Huitzilopochtli, y su hermana la luna, Coyolxauhqui,
tomando como campo de batalla a la tierra (Coatlicue, “La de la falda de serpientes”, madre de ambos e igualmente
de los hombres y de todos los dioses o fuerzas de la naturaleza), tiene, al parecer, un origen humano, como adelante veremos.
Algunos historiadores nos hablan de Huitzilopochtli como un guerrero poderoso y temido,
e igualmente como un sacerdote, hechicero y guía de los mexicas. Por sus hazañas, tras su muerte se le deificó (al igual que
se hizo con Quetzalcóatl). Posteriormente su nombre se asoció a1 sol y con ello se modificó el mito que según León-Portilla,
inicialmente mencionaba con otros nombres al sol y a la luna. Hasta aquí, tendríamos dos niveles de aplicación del mito de
Huitzilopochtli. El primero, a nivel humano, y el segundo, a nivel cósmico.
Un tercer y último nivel o campo de aplicación es el político. El mismo León-Portilla
nos dice que es muy posible que los mexica, sus sacerdotes, hayan introducido cambios finales al mito en los cuales quedaría
planteado que el dios solar hacía de ellos el “pueblo escogido” para sostenerle y rendirle culto a cambio de lo
cual recibirían tierras, poder sobre los de- mas pueblos, pero sobre todo, fama y grandeza.
Para confirmar lo antes dicho, veamos lo que el propio León-Portilla nos dice al respecto.
ORIGENES DEL MITO Tomado de: MEXICO-TENOCHTITLAN: SU ESPACIO Y TIEMPO SAGRADOS De M. León-Portilla,
INAH, pág. 15
Códices y crónicas, en náhuatl y castellano, representan y mencionan la estancia de los mexicas en Aztlán Chicomóztoc. Al
cronista Cristóbal del Castillo, autor del texto náhuatl sobre la Migración de los mexicanos al país de Anáhuac, debemos
en particular un relato pormenorizado sobre la condición en que allí vivían. Los mexicas estaban sometidos a gentes más poderosas,
a las que tenían que obedecer y pagar tributos. Hoy diríamos que su situación socioeconómica implicaba, en alto grado, relaciones
de tipo de grupos dominado y dominante. Fue entonces cuando, gracias a la intercesión de su sacerdote, su dios vino a compadecerse
de ellos:
Y así caro afligían los señores de Chicomóztoc
a los mexitin, les causaban pena, los molestaban, así los querían tener dominados.
El que guiaba a los mexitin era valiente. Su nombre era Huitzilopochtli, gran guardián del que hacía portentos, servidor de él, del gran “Hacedor de portentos”,
Tetzauhtéotl mucho le hablaba éste como ser humano, se le mostraba a Huitzilopochtli, hasta que luego él se
hizo semejanza suya, de Tetzauhtéotl. Así su nombre sólo fue de Huitzilopochtli Y era así el Huitzilopochtli: Huitzil su nombre, Colibrí. Era zurdo
de mano (Opochmaye), gran capitán. Por ello rectamente lo llamaron Huitzilopochtli,
semejanza, imagen de él, del hacedor de portentos, Tetzauhtéotl. Y mucho atormentaban los señores de Chicomóztoc
a los mexitin, así los querían destruir, los querían tener dominados. Entonces aquél su servidor, su allegado, el hechicero Huitzilopochtli
(1), gemía mucho delante de él, le
suplicaba al portentoso Tetzauhtéotl que ayudara, que defendiese a sus vasallos, porque ya en verdad a él lo adoraban, que no adoraban a los dioses de los de Chicomóztoc, a todos juntos. Y puesto que ya a él todos ellos
lo adoraban, el gran hacedor de portentos, que mucho se compadeciera de ellos,
que los defendiera, que los salvara para que no a todos den muerte,
para que no perezcan todos. Que los guíe hacia otro lugar, a un sitio bueno y conveniente, que les de tierras, que allí sólo
se dedicarán a una sola cosa: a él habrán de servirlo.
Y él, el dios-portento, Tetzauhtéotl, en seguida se manifestó, dijo:
OH siervo mío, es muy verdadero, tú haces que yo de ti me compadezca y mucho también de vosotros que sois mis siervos, los mexitin de la ribera del agua...
Ahora es así ya fui, ya fui a mirar en el lugar bueno, conveniente, que también es un lugar así, allá también se extiende
un muy grande espejo de agua (una laguna). Allá se produce todo lo vosotros
necesitáis, nada se echa allí a perder. Lo que hay aquí, donde vosotros estáis,
allá también eso se produce. Porque no quiero que aquí os hagan perecer y,
así, allá os haré regalo de esto, allá
a vosotros os haré Famosos en verdad sobre la tierra, ciertamente por todas partes donde hay gente. Ciertamente no
habrá lugar que esté habitado donde no seáis famosos... (Castillo. Cristóbal, citado., por León-Portilla).
El sitio del cual les hará regalo el dios portentoso, se describe luego, en otro pasaje, con nombres como los siguientes:
Atézcatl Metztli Apan. “en la laguna del agua de la luna”; Xochitlalpan, “en la tierra florida; Tonaca-tlalpan,
“en la tierra de nuestro sustento”. Ese lugar escogido por el dios, como varias veces lo repite el texto, se asemejaba
a Aztlan, tierra también rodeada por el agua y lugar de abundancia.
De los varios sitios por los cuales -según legendaria historia- pasarán luego los mexicas en su larga peregrinación,
sólo vamos a fijarnos aquí en unos cuantos, aquéllos que, de modo o de otro, vienen a relacionarse directamente con el lugar
elegido por Tetzauhtéotl para morada de sus siervos. El pueblo seguidor del dios portentoso ha entrado en un tiempo primigenio
a partir del momento de la hierofanía (comunicación sagrada; abp), en que el numen les anuncia que ha tenido compasión de
ellos y a ser su gula. Tenochtitlan asimismo ha iniciado ya también su existencia en el pensamiento del dios que afirma incluso
que ya ha ido a ver el lugar bueno, conveniente, donde se extiende un muy grande espejo de agua, donde está todo lo necesario
para la vida. El espacio sagrado se halla por ahora tan sólo en la mente del dios, Para los mexicas ese espacio es su tierra
prometida. El tiempo primigenio en que nueva existencia transcurre, desde la manifestación del dios portentoso se desenvolverá
una secuencia que culminará en el espacio sagrado, en la región de los lagos.
Atraviesan los mexicas un brazo de mar, al que aluden varios códices y relatos. Estando luego en Huehue-Colhuacan
al que Cristóbal del Castillo describe como existente en la Chichimecatlalpan,
el sacerdote Huitzilopochtli anuncia pueblo que era ya llegada la hora de su propia muerte. El sacerdote reitera que conoce,
gracias a Tetzauhtéotl, la que habrá de ser tierra y población de sus seguidores. Añade que el mismo Tetzauhtéotl, entre otras
cosas, le ha anticipado cuál será su destino. Descenderá Huitzilopochtli a la región de los muertos pero allí permanecerá
sólo cinco días. Luego retornará al lado de su pueblo. En sus huesos volverá habitar la vida. Tetzauhtéotl entrará en su cráneo
y en él, y por medio de él, seguirá hablando a los sacerdotes mexicas. Estos habrán llevar en un envoltorio, en el que vive
ya divinidad, la osamenta de Huitzilopochtli.
Por mucho tiempo habrá de proseguirse la peregrinación. Siempre y en todos lugares Huitzilopochtli, identificado
ya con Tetzauhtéotl continué guiando a su pueblo. Según varias fuentes, entre ellas la Crónica Mexicana de Tezozomoc, una hermana
tenía Huitzilopochtli, hechicera. Teyolocuani, “comedora de corazones de hombres”, Teixcuepani “embaucadora
de gentes”, que de diversas formas molestaba a los mexicas. Cansado de ella Huitzilopochtli, dispuso que, al pasar por
el lago de Pátzcuaro, en Michoacán, quitándoles los vestidos a la dicha hermana y a otros, mientras se bañaban, los obligaran
a quedarse en aquel lugar. La tal hermana de Huitzilopochtli es llamada primeramente Malinalxóchitl. Así la nombra Tezozomoc
en el pasaje al que hemos aludido. Más tarde Malinalxóchitl viene a ser mencionada con el nombre de Coyolxauhqui. Ello precisamente
ocurre en el contexto del episodio que enseguida vamos a recordar.
LLEGADA A COATÉPEC, LUGAR DE
PORTENTOS
Los mexicas han llegado a Coatépec, no muy lejos de Tula (2). Malinalxóchitl previamente habla venido a establecerse
allí, saliendo de Pátzcuaro. Con ella estaban cuatrocientos hermanos suyos, los conocidos como Centzon Huitznahua, “los
Cuatrocientos Surianos”. En Coatépec, según refiere Tezozomoc:
Ellos los mexicanos, luego alzan ya su templo, la casa Huitzilopochtli
luego ya ponen allá el cuauhxicalli y a las dioses los capulli… Pues bien, allá los juntó, los acomodo, los contó, a
todos, él, Huitzilopochtli, porque es el jefe ellos, el primero de ellos...
Y él, Huitzilopochtli, luego planta su juego de pelota. Luego ya
coloca su tzompantli; y luego ya por esto obstruyen, el barranco, la cuesta empinada, allá se junta, se represa el agua –se
hizo por disposición de Huitzilopochtli-, y luego les dijo a sus padres, a
ellos, los mexicanos: ¡OH, mis padres! Pues ya se represó el agua, plantad sembrad… Huitzilopochtli dijo luego: Este gusanillo lagunero pues es ciertamente carne mía, color mío. Y luego allá entono el
canto suyo, cantaba, y también bailaba: el canto de nombre TLAXOTECAYOTL y TECUILHUICUICATL, allá los compuso:
“Huitzilopochtli, el joven guerrero,
el que obra arriba, va andando su
camino.
No en vano tomé el ropaje de plumas amarillas,
porque soy yo el que ha hecho salir al sol.
El portentoso, el que habita en región de nubes,
uno es tu pie,
el habitador de fría región de alas,
¡se abrió tu mano!
En Tlaxotla, en el muro de la región de ardores,
se dieron plumas, se van disgregando,
se dio grito de guerra, ea, ea, oh, oh,
mi dios se llama defensor de los hombres…
Ya prosigue, va muy bien vestido de papel,
el que habita en región de ardores,
en polvo, en polvo, se reduce haciendo giros.
Los de Amatla son nuestros enemigos.
¡Ven a unirte a mí!
Los de Pipiltlan son nuestros enemigos.
¡Ven a unirte a mí!
Con combate se hace la guerra,
¡ven a unirte a mí!
(Veinte Himnos Sacros de los Nahua, versión de Ángel Maria Garibay K. México, universidad Nacional,
Instituto de Historia, 1958, p. 31 citado por León-portilla, op. Cit. P.62)
(1) Se creía que Huitzilopochtli había sido un gran guerrero, de
alta talla, dotado de una fuerza extraordinaria, que destruía ciudades y vivía de carniza; era nigromántico y usa varios disfraces.
Cuando murió, los mexicanos, que lo habían tenido alto aprecio, le rindieron grandes honores e hicieron de él un dios.”
Rémi Siméon, DICCIONARIO DE LA LENGUA NAHUAL, ED. Siglo CXI, pág. 757.
(2) Este cerro, Coatépec, se encuentra en el pueblo de Coacalco, municipio
de Ecatepec, en efecto rumbo a Tula. En su pico más elevado, hoy conocido como “El Picacho”, quedan los restos
de un teocalli bajo una enorme cruz cristiana. Hasta hace algunos años, aun era posible ver en el fondo del despeñadero, bloques
de piedra semigrabado, probablemente de escultura de Coyolxauhqui arrojada desde alto. Nota abp.
En
ese lugar tan apetecible, con abundancia de agua y todo género de sustento, quedaron instalados los mexicas. Habían levantado
yo en Coatépec su templo Huitzilopochtli. Mostraban alegría y quizás algunos de ellos
pensaban que bien podía ser ése el lugar que les tenía predestinado
su dios. Fue entonces cuando los Centzon Huitznahua, “Los Cuatrocientos
Surianos” -y también la que ahora se nombra ya Coyolxauhqui-, pretenden lograr que sea ese sitio, Coatépec, el escogido, donde habrá de existir la ciudad anunciada:
Y
luego dijeron los Centzon Huitznahua a Huitzilopochtli y a los sacerdotes:
pues ya aquí estará tu tarea, a que viniste, mirarás, afrontarás a la gente de las cuatro partes, impulsarás su poblado, que
lo agarrarás con tu pecho, tu cabeza; y es tu corazón, tu sangre, tu pintura, con que verás lo que nos prometiste, el variado
chalchihuite, la piedra preciada, el oro, las plumas de quetzal, la diversa pluma preciada, al cacao de color, el algodón
de color, y la diversa flor, y el diverso fruto, la diversa riqueza, pues si verdad arraigaste. Encabezaste tu población aquí
en Coatépec, pues ya aquí estás reuniendo a tus padres, a tus vasallos los aztecas,
los mexicanos. Así piden los Centzon Huitznahua.
Y
luego se enojó Huitzilopochtli, luego les dijo:
“¿Qué
decís? ¿Acaso vosotros sabéis? ¿Acaso es vuestra tarea? ¿Acaso vosotros me sobrepasáis?
Yo pues sé lo que haré”. Luego ya se apercibe Huitzilopochtli
allá en su casa, se apercibió, entonces se armo para la guerra, nomás con miel con que se
pinto mucho; con que cercó a cada quien por delante, y tomo su escudo… (Tezozomoc, op. citado por León-portilla)]
Por
voluntad de los Centzon Huitznahua. Que así quisieron contrariar a Huitzilopochtli,
Tenochtitlan debía comenzar entonces a existir en un lugar determinado. Pero ese
espacio no era el escogido por Huitzilopochtli. El falso espacio sagrado tenía, por tanto, que ser destruido. Ocurrió
un enfrentamiento. Las posibilidades de interpretación aquí son muy amplias. ¿Se
trata de una venganza que intentaron perpetrar quienes habían quedado abandonados
en Michoacán? ¿Hay alguna suerte de intereses, afán de dominio, en relación con ese lugar de tanta abundancia? El hecho fue que los seguidores de Huitzilopochtli tuvieron que plegarse a los designios
de su dios. El mismo Tezozomoc nos pinta lo que entonces ocurrió:
Cuando
se apresto para la guerra Huitzilopochtli, luego viene ya, viene a destruirlos,
viene a matarlos, ¡los Centzon Huitznahua!, allá si Teotlachco -el lugar del
juego de pelota— se come a sus tíos, y a ella su madre, que había tomado
por madre, la de nombre Coyolxauhqui, luego primeramente con ella empezó, cuando la mató allá en Teotlachco, allá come el
corazón de Coyolxauhqui, Huitzilopochtli
Y
Coyolxauh era la hermana mayor de los Centzon Huitznahua, y cuando los comió
era medianoche. Y cuando los amaneció, al alba, luego, los vieron los padres
de ellos, los vasallos de ellos, los mexicanos, nomás todos abiertos del pecho. Coyolxauhqui y los Centzon Huitznahua, allá
si Teotlachco, ya no hay cosa de su corazón, todo lo comió Huitzilopochtli. Y los mexicanos mucho se espantaron, y ellos,
los Centzon Huitznahua, pensaban que allá si Coatépec, allá estará el poblado, ya allá será México, pues que no lo quiso él,
Huitzilopochtli, luego agujero por detrás del agua, destruyo lo que obstruía el barranco que allá estaba, en que se hallaba el agua, luego secó todo: el ahuehuete,
el suce, la caña, el tule, la flor te atlacuezonalli.
Y luego partió de allá Huitzilopochtli, trajo hacia acá a sus padres, los vasallos de él, los mexicanos...
De
interés es destacar en este relato que Coyolxauhqui, en vez de hermana, aparece como madre de Huitzilopochtli, o por lo menos como “la que había tomado por madre” No deberá extrañarnos que, precisamente
la piedra recientemente descubierta, en la que aparece el cuerpo desmembrado de Coyolxauhqui, ésta tenga, entre sus atavíos
y atributos, algunos que se juzgaría también corresponden a Coatlicue. Tal es el caso del ceñidor de serpientes sus pechos,
al parecer fláccidos, y el cráneo que lleva en su espalda.
Por
primera vez, murió entonces Coyolxauhqui, decapitada por el tlachco o juego de pelota. Y los Cuatrocientos Surianos igualmente
fenecieron. Huitzilopochtli les arrancó sus corazones y, comiéndoselos hizo
suya la energía vital de sus adversarios. Coatépec, después de la furiosa destrucción perpetrada por Huitzilopochtli, quedó abandonado. Los mexicas, como dice el cronista Tezozomoc, se pusieron de nuevo en camino.
SIMBOLISMO ASTRAL DE UN VIEJO MITO MESOAMERICANO
La
circunstancia de que ocurriera precisamente en un TEOTLACHCO, lugar del genuino juego de pelota, este primer enfrentamiento
de Huitzilopochtli con Coyolxauhqui y los Centzon Huitznahua, se presta desde luego a una interpretación astral. Con abundancia
de testimonios y argumentos Walter Krickeberg muestra en un interesante estudio las que a su juicio son significaciones implícitas
en el simbolismo religioso del juego de pelota mesoamericano. Aduciendo representaciones de dicho juego, incluidas en códices
como el Borgia (p. 35, 40 y 42), el Vindobonense (p. 7, 22) y el Nuttal (p. 15, 74. 80). destaca su carácter de símbolo del
cielo, bien sea del que se mira hacia al oriente o al poniente o sobre todo de aquél que se percibe en su aspecto nocturno.
Si el TEOTLACHTLI es una imagen del cielo, quienes allí juegan representan a los distintos cuerpos celestes, Por eso en los
códices con frecuencia se ven, en asociación con un juego de pelota, deidades que sabemos están vinculadas con un astro determinado.
Entre otros dioses encontramos así a los que se relacionan con el sol, la luna, la estrella de la luna y de la tarde y las
cuatrocientas estrellas, es decir los astros innumerables...
Ahora
bien, que los dioses jueguen a la pelota en el gran campo del cielo significa que en el universo hay antagonismos y luchas
entre las distintas fuerzas que son atributos de los dioses. Un rico conjunto de mitos se halla vinculado estrechamente a
tal concepción. En un relato puede ser la deidad asociada con la estrella vespertina, Xólotl, la que resulta vencida. Tal
parece ser el sentido de la representación que podemos ver en la página 2 del Códice Borgia. En otro lugar participan en la
contienda, en el juego de pelota, dos Tezcatlipocas, el negro y el rojo, en tanto que se indica que el sol está a punto de
nacer. Un tal enfrentamiento se hallo quizás en relación con el tema de los soles cosmogónicos que han de ser presididos por
una deidad particular. Para el final de estos ejemplos he dejado de intento el que aquí más interesa. Me refiero a las representaciones
en otros juegos de pelota, imágenes del cielo, en los que el combate cósmico es precisamente el del sol en contra de la luna
y las innumerables estrellas.
Tal
especie de representaciones se halla en códices, tanto en algunos
de la región central como en otros de Oaxaca. De los primeros, citaré algunas muestras que se incluyen en el Códice Borgia
(p. 35 y 40) y de los de Oaxaca, en el Nuttal (p. 4, 15. 14) y en el Vindobonense (p. 20, 22). Otro ejemplo
lo ofrece el famoso pectoral encontrado en la Tumba 7 de Monte Albán, cuya pieza superior ostenta la
forma de un juego de pelota.
De
los ejemplos citados me fijaré aquí en uno que ha sido ya objeto de comentario por parte de Krickeberg en el trabajo suyo
que he mencionado. Se trata del incluido en la mitad derecha de la página 22 del Códice Vindobonense. En ella aparece el símbolo
del juego de pelota en su extremo inferior derecho. En la parte media, extremo izquierdo, está la imagen de una diosa decapitada.
En el centro hay un conejo que representa al bebedor de pulque. A su derecha Y arriba se miran tres magueyes. krickeberg atinadamente
interpreta así la escena: el pulque, los magueyes y el conejo son apuntamiento a los Centzon Totochtin, los Cuatrocientos
Conejos, dicho en una palabra “Los cuatrocientos” que, como los Huitznahua, representan aquí a las estrellas.
La diosa decapitada, ahora con los atributos de Xochiquétzal, es la joven deidad lunar a la que el sol le ha cortado la
cabeza. Como una especie de signo indicador del locativo, aparece según hemos dicho, el tlachco. El enfrentamiento ha ocurrido
en el TEOTLACHCO, juego de pelota, símbolo del cielo.
Tomando
todo esto en cuenta, resulta fundado suponer que el relato da Tezozomoc acerca del enfrentamiento de Huitzilopochtli con Coyolxauhqui
y los Centzon Huitznahua, en el juego de pelota de Coatépec, tiene también un sentido astral. Allí aparece el Sol-Huitzilopochtli,
que se impone sobre los seres nocturnos y hostiles, la luna-Coyolxauhqui y las estrellas-Centzon Huitznahua. Tal interpretación
del relato mítico es evidentemente válida. Sin embargo pienso que, en el caso de este relato mexica, es posible ahondar un
soco más hasta encontrar UN SEGUNDO PLANO DE significación… El hecho es que estamos ante UNA FORMA DE PENSAMIENTO
QUE FUE COMIJN a pueblos distintos entra sí, como los nahuas, mixtecos, mayas y otros de Mesoamérica... Concebir y representar al cielo como lugar de contienda del juego de pelota, parece ser, además, elemento característico
desde tiempos antiguos, en la visión del mundo de los mesoamericanos. Consecuencia, que cabe derivar de lo anterior, es la
de que los mexicas no fueron los forjadores originales del mito, que habla de antagonismos astrales en un juego de pelota.
Habrá que admitir, por consiguiente, en esta materia, una amplia difusión cultural dentro del mismo ámbito de Mesoamérica,
originada en algún lugar de la misma, en época muy anterior a la entrada de los mexicas en la región de los lagos.
En
cambio -y esto nos lleva a percibir un segundo plano de significación- hay en la versión mexica del mito algo que perece ser
característico de ella. Lo que llamaremos su peculiaridad consiste en haber atribuido a su propia deidad protectora ser la
que entra en el juego da pelota para vencer y aniquilar allí a sus rivales, la luna-Coyolxauhqui y las estrellas-Centzon Huitznahua.
Tal forma de repensar el mito implica por supuesto la identificación de Huitzilopochtli con el sol. El enfrentamiento se sitúa
en un tiempo primigenio pero a la vez ligado con la peregrinación de los mexicas que van en busca da su tierra prometida.
De este modo la victoria sobre Coyolxauhqui y los Huitznahua, sin perder su primera connotación de sentido astral, adquiere
ahora la de UN TRIUNFO DEL DIOS DE LOS MEXICAS Y DE SU PUEBLO SOBRE SUS ENEMIGOS. El que a lo ejecutado por Huitzilopochtli
siga luego su acción de sacar y devorar lo corazones de los vencidos -para adueñarse de su energía vital y su destino-, es
asimismo complemento que confiere ulterior significación al mito, más allá de su primer sentido meramente astral.
EL TRIUNFO DE HUITZILOPOCHTLI EN OTRA VERSION DEL MITO
Otro
relato, diferente del que hemos citado acerca del triunfo de Huitzilopochtli en el juego de pelota, vamos a aducir en seguida.
En él se habla también de la muerte de Coyolxauhqui y de los Centzon Huitznahua a manos de Huitzilopochtli, pero en circunstancias
que, aunque guardan relación con la anterior versión del mito, se presentan como distintas. Podría decirse que este otro texto
parece ser indicio de una ulterior afinación en el pensamiento mexica, de lo que realmente quiso expresar acerca de su dios
Huitzilopochtli y el destino de quienes se consideraban su pueblo escogido. El texto se encuentra en el Códice Matritense
y se debe al testimonio de los informantes de Sahagún.
Por
vez primera se habla en acerca de Coatlicue, la diosa madre de Huitzilopochtli.
Portentoso es todo lo que, según este relato, ocurrió entonces. La acción se desarrolla en un tiempo y espacio primigenios.
Coatépec, en vez de ser meramente el lugar donde por un lapso estuvieron asentados los mexicas, es ámbito mítico en el que
se realiza el portento del nacimiento de Huitzilopochtli...
En
términos del pensamiento religioso de los mexicas ocurrió entonces la conjunción de tiempo y espacio que marcó el arranque
en la realización de su ulterior destino de grandeza. Eran ellos los escogidos de Huitzilopochtli, el dios que se habla adueñado
del TONALLI o destino de sus cuatrocientos hermanos, los Centzon Huitznahua, De igual modo, a la nación mexica correspondía
sujetar a multitud de pueblos, recibir de ellos tributo y enriquecer su propio ser con los que antes eran fuerza y destinos
ajenos.
Todo
esto que probablemente no resultaba entonces tan claro a los mexicas que, perseguidos y hambrientos, se establecían en el
islote, cabe suponer que se derivé, mucho más tarde, en la conciencia del pueblo escogido de Huitzilopochtli, como fruto de
repensar su propio pasado. El pensamiento reencauzó profecía y mitos así vino a influir hondamente, provocando grandes transformaciones
en la propia sociedad mexicana y en su ámbito de dominación económica y política...
Lo
primigenio y portentoso, inherente a esta expresión mítica, penetró en la conciencia mexica, la motivó hondamente y, como
en un espejo, le mostró aquello que podía esperar si aceptaba su destino. Los mitos se convirtieron así en “prólogo
del cielo” que da sentido y apoyo al propio ser. El mexica -nos dicen varios testimonios- no tenía rostro a los ojos
de otros pueblos. La realidad comenzó a cambiar cuando los seguidores de Huitzilopochtli se sintieron dueños de un destino
fincado en sus orígenes y predestinación. La palabra del mito es motivación. El pensamiento recrea el propio pasado, según
se quiere que haya sido, y tiñe con el su presente. Sociedad, economía, organización política, arte y religión, todo se transforma
en función de esa imagen intencionada y vigorosa del pasado que trae y justifica el destino da grandeza de la nación mexica
en Mesoamerica. En resumen, es atributo de los seguidores de Huitzilopochtli forjarse un pasado a la medida de lo que pretenden
llegar a ser.”
CONCLUSIÓN
“Destino
de grandeza” “repensar el pasado” y los mitos, “reencauzar profecía y mitos’, “forjarse
un pasado a la medida de lo que (se) pretende llegar a ser”... Expresiones todas ellas que quizás encierran una clave
para encender de nuevo el “impulso vital”, “el alma” de la nación mexicana apagados luego de la destrucción
de la cultura antigua tras la invasión europea tan sádica, tan violentamente destructiva que hundió en el “desgane vital”
al pueblo por siglos enteros:
“porque estos indios son imaginativos y al verse desarraigados
se van a los montes y se mueren
da puro pesar y tristeza”
“Epidemias,
encases, trabajo forzado, todos podrían parecer fenómenos conocidos al tiempos prehispánicos y no ser suficientes para explicar
una crisis demográfica de las proporciones señaladas. Y es que además da esos desequilibrios se registro en América durante
el siglo XVI un fenómeno de “desgane vital” que no parece haber tenido paralelo en la historia. La conquista rompió un mundo, un sistema coherente
de creencias, costumbres, actividades, e intentó establecer otro distinto. Dentro del nuevo sistema, los indígenas quedaron
en una posición de desamparo total, sin compensaciones sociales que justificaran su papel dentro del conjunto da la sociedad.
Desde
esa perspectiva es comprensible cómo la huida y la embriaguez fueron, recursos importantes para eludir la violencia del nuevo
sistema.
Esta
gente común en todas las indias -escribió Zorita- se va diminuyendo y acabando… dejan perdidas sus casillas y haciendillas,
andan vagando en los montes… y algunos se han ahorcado desesperados la gran aflicción que tenían con los atributos”.
En
la “Crónica de N.P.S. Agustín en las provincias da Nueva España (1533-1592) se mencionan casos da infanticidio y se
relata cómo un “brujo” indujo a una multitud de indios a suicidarse colectivamente en Michoacán. Zorita informa
cómo los indios mixes y chontales se rehusaron a procrear por varios años. En
Colima, durante la visita de Lebrón de Quiñones, se averiguó que varias tribus indígenas tenían ordenes de interrumpir cualquier
concepción para acabar con sus miembros en una generación. Así, al aborto sistemático, la abstinencia conyugal, el suicidio
colectivo, todos revelan un desgane vital. (MORENO TOSCANO ALEJANDRA, “Nueva España a mediados del siglo”, “HISTORIA
GENERAL DE MÉXICO”, T-1, El Colegio de México, págs. 351-352).
Según
Santiago Ramírez (El mexicano, Psicología de sus motivaciones), Florescano (Memorias Mexicanas), Octavio Paz (El Laberinto
da la Soledad), etc., ese “desgane vital” persiste con fuerza hasta el presente. Lo peor
es que parece no importarle a nadie. No hay trabajos específicos al respecto, excepto los mencionados pero sólo en cuanto
a señalar el problema pero no en cuanto a cómo enfrentarlo.
¿Por
qué no intentar restablecer la cultura pasada, la cultura del Anáhuac -su núcleo, su filosofía y sus derivaciones fundamentales-?
¿Por qué no “reencauzar profecías y mitos” (habría que intentarlo aún a riesgo de fracasar; total, ya más no se
puede perder), que llevan implícita la antigua concepción del universo, la antigua filosofía?
Quizás
en la cultura antigua pueda encontrar se una vía para la construcción de ese “paradigma nacional” del que estamos
privados -a decir de Guevara Niebla- razón por la cual nuestro espíritu no despliega las alas y no hay, por lo mismo, ni orgullo
nacional, ni unidad, ni grandeza en casi nada.
Son
ya bastantes los que han planteado -entre ellos Juárez- que en nuestro pasado se encuentra la llave del futuro. Los mexica,
al no desdeñar el pasado, la herencia cultural, lo comprobaron cuando al reciclar “profecías y mitos” descubrieron
una poderosa palanca, un mágico “impulso vital” desconocido por otros pueblos.
Un
pueblo sin mitos, es un pueblo muerto. Armando Blanco P.
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MITO DEL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI
Mucho
honraban los mexicas a Huitzilopochtli
sabían ellos que su origen, su principio
fue de esta manera:
En Coatépec, por el rumbo de Tula,
había estado viviendo,
allí habitaba una mujer
de
nombre Coatlicue.
Era madre de los cuatrocientos Surianos
y de una hermana de éstos
de
nombre Coyolxauhqui.
Y esta Coatlicue allí hacía penitencia,
barría, tenía a su cargo barrer,
así hacia penitencia,
en
Coatépec, la Montaña de la Serpiente.
Y una vez,
cuando
barría Coatlicue,
sobre
ella bajó un plumaje,
como
una bola de plumas finas.
En seguida lo recogió Coatlicue,
lo
colocó en su seno.
Cuando terminó de barrer,
buscó
la pluma, que había colocado en su seno,
pero nada vio allí.
En ese momento Coatlicue quedó encinta.
Al ver los cuatrocientos Surianos
que su madre estaba encinta,
mucho se enojaron, dijeron:
-“¿Quién le ha hecho esto?
¿Quién la dejó encinta?
Nos afrenta, nos deshonra”.
Y su hermana Coyolxauhqui
les dijo:
“Hermanos, ella nos ha deshonrado,
hemos de matar a nuestra madre,
la
perversa que se encuentra ya encinta.
¿Quién le hizo lo que lleva en el seno?
Cuando supo esto Coatlicue,
mucho
se espantó,
mucho se entristeció.
Pero su hijoHuitzilopochtli,
que
estaba en su seno
la
confortaba, le decía:
-“No
tenias,
y
sé lo que tengo qua hacer”
Habiendo oído Coatlicue
las
palabras de su hijo,
Y entretanto, los cuatrocientos Surianos
se
juntaron para tomar acuerdo,
y
determinaron a una
dar
muerta a su madre,
porque
ella los había infamado.
Estaban muy enojados, estaban muy irritados,
como
si su corazón se les fuera a salir.
Coyolxauhqui mucho los incitaba,
avivaba la ira de sus hermanos,
para que .mataran a su madre.
Y los cuatrocientos Surianos se aprestaron,
se
ataviaron para la guerra.
Y estos cuatrocientos Surianos,
eran
como capitanes,
torcían
y enredaban sus cabellos,
como guerreros arreglaban su cabellera.
Pero uno llamado Cuahuitlícac
era
falso en sus palabras.
Lo que decían los cuatrocientos Surianos,
enseguida iba a decírselo,
iba a comunicárselo a Huitzilopochtli.
Y Huitzilopochtli le respondía:
-“Ten cuidado, está vigilante,
tío
mío, bien sé lo que tengo que hacer”.
Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo,
estuvieron resueltos los cuatrocientos Surianos
a matar, a acabar con su madre,
luego
se pusieron en movimiento,
los
guiaba Coyolxauhqui.
Iban bien robustecidos, ataviados,
guarnecidos
para la guerra,
se
distribuyeron entre sí sus vestidos de papel,
su anecúyotl, sus ortigas,
sus
colgajos de papel pintado,
se
ataron campanillas en sus pantorrillas,
las
campanillas llamadas oyohualli.
Sus flechas tenían puntas barbadas.
Luego se pusieron en movimiento,
iban
en orden, en fila,
en
ordenado escuadrón,
los
guiaba Coyolxauhqui.
Pero Cuahutlícac subió en seguida a la montaña,
para
hablar desde allí a Huitzilopochtli,
le
dijo:
-“Ya vienen”-
Huitzilopochtli le respondió:
-“Mira
bien por dónde vienen”.
Dijo entonces
Cuahuitlícac:
“Vienen ya por Tzompantitlan”
Y una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-“¿Por dónde vienen ya?
Cuahuitlícac le respondió:
-“vienen
ya por Coaxalpan”.
Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó:
-“Mira bien por dónde vienen”.
En seguida te contestó Cuahuitlícac:
-“vienen
ya por la cuesta de la montaña”.
Y todavía una vez más le dijo huitzilopochtli:
-“Mira
bien por dónde vienen”.
Entonces le dijo Cuahuitlícac:
-!
Ya están en la cumbre, ya llegan,
los
viene guiando Coyolxauhqui”.
En
ese momento nació Huitzilopochtli,
se
vistió sus atavíos,
su
escudo de plumas de águila,
sus
dardos, su lanza-dardos azul
el
llamado lanza-dardos de turquesa.
Se pintó su rostro
con
franjas diagonales,
con
el color llamado ‘pintura de niño.
Sobre su cabeza colocó plumas finas,
se
puso sus orejeras.
Y uno de sus pies, el izquierdo era enjuto,
llevaba
una sandalia cubierta de plumas,
y
sus dos piernas y sus dos brazos
los
llevaba pintados de azul.
Y el llamado Tochancalqui
puso
fuego a la serpiente hecha de teas
llamada
Xiuhcóatl,
que
obedecía a Huitzilopochtli.
Luego con ella hirió a Coyolxauhqui,
le
cortó la cabeza,
la
cual vino a quedar abandonada
en
la ladera de Coatépetl.
El cuerpo de Coyolxauhqui
fue
rodando hacia abajo,
cayó
hecho pedazos,
por
diversas partes cayeron sus manos,
sus
piernas, su cuerpo.
Entonces Huitzilopochtli se irguió,
persiguió
a los cuatrocientos Surianos,
los
fue acosando, los hizo dispersarse
desde
la cumbre del Coatépetl,
la
montaña de la serpiente.
Y cuando los había seguido
hasta
el pie de la montaña
los
persiguió, los acosó cual conejos,
en
torno de la montaña.
Cuatro veces los hizo dar vueltas.
En vano trataban de hacer algo en contra de él,
en vano se revolvían
contra él,
al
son de los
cascabeles
y hacían golpear sus escudos.
Nada pudieron hacer,
nada
pudieron lograr,
con
nada pudieron defenderse.
Huitzilopochtli los acoso, los ahuyento,
los destruyó, los aniquilo, los anonado.
Y
ni entonces los dejó,
continuaba
persiguiéndolos.
Pero, ellos mucho le rogaban, le decían:
-“¡Basta
ya!”.
Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto,
con la fuerza se ensañaba contra ellos,
los perseguía.
Sólo
unos cuantos pudieron escapar
de
su presencia,
pudieron
librarse de sus manos.
Se dirigieron hacia el sur,
porque
se dirigieron hacia el sur
se
llamar Surianos,
los
pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli.
Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte,
cuando
hubo dado salida a su ira,
les
quité sus atavíos, sus adornos,
su
anecúyotl,
se
los puso, se los apropió
los
incorporó a su destino,
hizo
de ellos sus propias insignias.
Nadie apareció jamás como su padre.
A él lo veneraban los mexicas,
le
hacían sacrificios,
lo
honraban y servían.
Y Huitzilopochtli recompensaba
a
quien así obraba.
Y su culto fue tomado de allí,
de
Coatépec, la montaña de la serpiente,
como
se practicaba desde los tiempos
más
antiguos.
Códice Florentino,
libro. III, capítulo 1. Traducido del náhuatl por M. León-Portilla en MÉXICO-TENOCHTITLAN: SU ESPACIO Y TIEMPO SAGRADOS. INAH, pág. 74
COYOLXAUHQUI
Coyolxauhqui, “la que se afeita a la manera antigua” o “la del rostro pintado con cascabeles”,
es la luna dentro del mito de Huitzilopochtli, su hermano uterino, hija de la Coatlicue. Diosa que muere diariamente descuartiza por la Xiuhcóatl
“serpiente de fuego”, arma de la deidad solar. Impera en el cielo de noche y sucumbe con el brote del día.
En su simbolismo multifacético destaca su condición de luna relacionada
con las aguas y la tierra, la fertilidad, el nacimiento, y la guerra cósmica entre sol y luna, día y noche. En la cabeza
monolítica tallada en diorita observa portando un tocado formado por tres rosetones concéntricos de plumas de águila: ocho
en el primero, catorce en el segundo y veinticuatro en el tercero. Da esta última hilera sale un colgajo rematado con seis
plumas, que complementan un total de 52, número de los años que contiene el siglo mexica. Lleva orejeras y nariguera; tres
cascabeles en cada mejilla con el jeroglífico Teocuitlatl, “excremento de dios, oro; su peinado decorado con bolas de
plumón; en el cuello cercenado aparecen entrelazadas las serpientes de agua y fuego, Atltlachinolli, símbolo de la guerra;
y el Aztamecatl, “cordel blanco” que usan los guerreros y los penitentes.
En la piedra oblonga, depositada a los pies de la escalinata del Templo Mayor (Vei Teocalli), bajo el santuario
dedicado a Huitzilopochtli, encontramos los mismos elementos: penacho de plumas de águila propia de los guerreros; plumones
de águila en bolas que asemejan caracoles, “símbolo de la muerte” que siempre llevan los inmolados; varios aztemécatl,
cordeles blancos que terminan en cabezas de serpiente
que la atan a manera de torniquete en tobillos, brazos y cintura; rodilleras que son la cabeza de la Xiuhcóatl,
“serpiente de fuego”; ajorcas de oro, pulseras y protectores con cascabeles; cactli, sandalias; un cráneo asociado
con Mictlantecuhtli, “Señor del Inframundo” y que representa su muerte diaria. La posición de los brazos y piernas
desprendidos del tronco, forman el signo ollin, “movimiento” propio del astro solar; orejeras, nariguera y cascabeles
pintados en las mejillas.
Tomado de “DIOSES PREHISPÁNICOS DE MÉXICO”
de Adela Fernández, Edit. Panorama, pág. 122
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