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Tlamatini Sexto Sol

EL MITO DEL QUINTO SOL
EL NACIMIENTO DE IN TONATIUH IC CHICUACE
EL MITO DEL QUINTO SOL
EL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI

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TLAMATINI

 

MATERIALES PARA LA TRANSFORMACIÓN

DE LA ENSEÑANZA Y LA CULTURA

tlamatini
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observando las estrellas Codice Mendocino

Abril de 1989  numero 7

Coordinación: Armando Blanco y Malú Vera C.

 

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Oriente, UNAM

 

 

EL MITO DEL QUINTO SOL

Año Ce Acatl: 1989
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El Quinto Sol
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“EL ANTIQUISIMO MITO DE LOS SOLES”

Existen, varias versiones e interpretaciones sobre esté mito. Presentamos aquí la versión del documento 1558 que según León-Portilla es el que más parece apegarse al “carácter de descripción de un viejo códice azteca que se tras luce en el texto original”. Después transcribir ranos dos interpretaciones, la del propio León-Portilla y otra de Adela Fernández.

“Aquí está la relación oral de lo que se sabe acerca del modo como hace ya mucho tiempo la tierra fue cimentada. Una por una, he aquí sus varias fundamentaciones (edades).

En qué forma comenzó, en qué forma dio principio cada Sol hace 2513 años -así se sabe- hoy día 22 de mayo de 1558 años.

Este Sol, 4 tigre, duró 676 años. Los que en este primer Sal habitaron, fueron comidas por ocelotes (tigres), al tiempo del Sol, 4 tigre. Y lo que comían era nuestro sustento -7 grama- y vivieron 876 años. Y el tiempo en que fueron comidos fue el año 13. Con esto perecieran y se acabó (todo) y fue cuando se destruyó el Sol. Y su año era 1 caña; comenzaron a ser devoradas en un día -4 tigre- y sólo con esto terminó y todos perecieron.

Este Sol se llama 4 viento. Estos, que en segundo lugar habitaron en este segundo (Sol), fueron llevados por el viento al tiempo del Sol 6 viento y perecieron. Fueron arrebatados (por el viento) se volvieron monos; sus casas, sus árboles todo fue arrebatado por el viento, y este Sol fue también llevado por el viento. Lo que comían era nuestro sustento. 12 serpiente; el tiempo en que estuvieron viviendo fue 364 años. Así perecieron en un solo día llevados por el viento, en el signo 4 viento perecieron.

Su año era 1 pedernal. Este Sol 4 lluvia era el tercero. Los que vivieron en la tercera (edad) al tiempo del Sol 4 lluvia, también perecieron, llovió sobre ellos fuego y se volvieron guajolotes (pavos), y también ardió el Sol, todas sus casas ardieron, y con esto vivieran 312 años. Así, perecieron, por un día entero llovió fuego. Y lo que comían era nuestro sustento. 7 pedernal, su año era 1 pedernal y su día 4 lluvia. Los que perecieron eran los (que se habían convertido en) guajolotes (pipiltin) y así, ahora se llama a las crías de los guajolotes pipil-pipil.

Y estos que vivieron en esta cuarta edad, estuvieron en el tiempo del Sol 4 agua. El tiempo que duró fue de 676 años. Y cómo perecieron: fueron oprimidos por el agua y se volvieron peces. Se vino abajo el cielo en un solo día y perecieron, todo monte pereció. El que estuvo extendida 52 años y con esto terminaron sus años.

Este Sol, su nombre 4 movimiento, este es nuestro Sol, en el que vivimos ahora, y aquí está su señal, cómo cayó en el fuego el Sol, en el fogón divino, allá en Teotihuacan. Igualmente fue este el Sol de nuestro príncipe, en Tula, o sea de Quetzalcóatl.

El quinto Sol, 4 movimiento su signo, se llama Sol de movimiento porque se mueve, sigue su camino. Y como andan diciendo los viejos, en él habrá movimiento de tierra, habrá hambre y con esto pereceremos.

Sigue un interesante análisis lingüístico, antropológico, histórico y mítico que León-portilla hace línea por línea que sin embargo por su amplitud no vamos a reproducir aquí. Lo que si retransmitiremos es su enfoque global sobre este mito, el cual está más acorde con el asunto central que estamos tratando:

“La idea de la lucha aplicada antropomorficamente a las fuerzas cósmicas. Es precisamente la forma encontrada por el pensamiento náhuatl para explicarse el acaecer del universo. Este ha existido en diversos períodos de tiempo Al principio, recién creado, hubo un equilibrio de fuerzas (sub. abp): “los cuatro dioses hijos de Tonacatecuhtli se juntaron y dijeron que era bien que ordenase lo que habían de hacer y la ley que habían de tener”.

Más, este primer equilibrio no fue algo estable; las luchas míticas de Quetzalcóatl y los varios Tezcatlipocas habrán de romperlo. Porque como ninguno de los cuatro dioses existen por si mismo ni es en realidad sostén del universo, ya que esto es obra de Ometeotl, su condición es también precaria e inestable. Sólo Ometeotl, -dualidad generadora y sostén universal –está en pie por sí mismo. Sus hijos, los cuatro primeros dioses, son fuerza en tensión y sin reposo. Llevan en sí mismos el germen de la lucha. En un afán de predominio, cada uno tratará de identificarse con el sol, para regir entonces la vida de los hombres y el destino del mundo. En cada edad de la tierra –en cada Sol- predomina uno de ellos, simbolizando a la vez un elemento –tierra, aire, fuego y agua- y uno de los cuatro rumbos del mundo. El breve lapso de tiempo en que logra mantener a raya el influjo de fuerzas rivales, constituye una de las edades del mundo, que a los mortales parecen tan largas. Más al fin sobrevienen la lucha y la destrucción. Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, combaten y reaparecen de nuevo en el campo de batalla del universo. Los monstruos de la tierra, el viento, el fuego y el agua son fuerzas que chocan, viniendo con ímpetu desde los cuatro rumbos del mundo.

Y así –de acuerdo con una velada dialéctica que en vano pretende armonizar el dinamismo de fuerzas contrarias- se van sucediendo las varias edades del mundo –Los Soles-, como decían simplemente los nahuas. De entre ellos, los aztecas concibieron el ambicioso proyecto de impedir, o por lo menos aplazar el cataclismo que habría de poner fin a su Sol, el quinto de la serie. Esta idea que llegó a convertirse en obsesión, fue precisamente la que dio aliento y poderío a los habitantes de tenochtitlan, haciendo de ellos como ha escrito Caso:

“un pueblo con una misión. Un pueblo elegido. El cree que su misión es estar al lado del Sol en la lucha cósmica, estar al lado del bien, hacer que el bien triunfe sobre el mal, proporcionar a toda la humanidad los beneficios del triunfo de los poderes luminosos sobre los poderes tenebrosos de la noche.

Es claro que el azteca, como todo pueblo que se cree con una misión, está mejor dispuesto a cumplirla si de su cumplimiento se deriva del dominio sobre los otros pueblos…

La idea que el azteca era un colaborador de los dioses (sub., ab); la concepción de que cumplían con un deber trascendental y que en su acción radica la posibilidad de que el mundo continuara viviendo, permitió al pueblo azteca sufrir las penalidades de su peregrinación, radicarse en un sitio que los pueblos más ricos y más cultos no habían aceptado, e imponerse a sus vecinos ensanchando constantemente su dominio, hasta que las huestes aztecas, llevaron el poder de Tenochtitlan a las costas del Atlántico y del Pacífico…”

Tal fue –continúa León-Portilla-, la viviente conclusión descubierta por los aztecas, que pronto paso a ser una verdadera inspiración mística, unificadora de sus actividades personales y sociales (sub. Ab) alrededor de la idea de la colaboración con el Sol. Como hipnotizados místicamente por el que Soustelle llama “misterio de la sangre”, dirigían sin reposo su esfuerzo vital a proporcionar a los dioses el chalchihuatl o “agua preciosa de los sacrificios”, único alimento capaz de conservar la vida del Sol.

Más, esto, que sin duda constituyo uno de los puntos fundamentales de su religión y aun de su concepción imperialista del mundo, no debe hacernos olvidar su base estrictamente filosófica (sub. Ab). Porque si los aztecas sacaron esa conclusión místico-religiosa del antiquísimo mito náhuatl de los soles, en realidad dicho mito en sí –independientemente de sus aplicaciones religiosas- encierra la explicación náhuatl del acaecer cósmico.

Pasan de diez las crónicas y anales donde se encuentra esta narración, aunque con diversas variantes por lo que al número y orden de los Soles se refiere.

La narración que aquí se da, traducida del náhuatl, el la que juzgamos más completa y de mayor interés: la contenida en el manuscrito de 1558. Las razones que nos mueven a preferirla, brevemente pueden reducirse a tres:

1)            Su antigüedad, pues aún cuando fue escrita en 1558, la forma de redacción, en la que continuamente se repiten expresiones como “aquí está…” al lado de fechas yuxtapuestas, claramente indican que se trata de la explicación de un viejo códice indígena. Por otra parte –como opina Lehmann-, es más probable que dicha narración de los Soles formó parte de los documentos recogidos por Olmos.

2)            El hecho de que concuerden con ella, el monumento prehispánico conocido como piedra del Sol, y la Historia de los Mexicanos por sus pinturas, tanto en lo que se refiere al número como al orden en que van sucediéndose los diverso Soles.

3)            Es el texto náhuatl de los Soles que más detalles de interés conserva.” (FILOSOFIA NAHUATL de León-Portilla, págs. 98-103, UNAM, Méx.)

Adela Fernández nos brinda otra versión en la que al final viene un dato muy interesante que al final comentaremos:

“En el Códice Vaticano Latino 3738, el relato presenta diferencias con el anterior (se refiere al manuscrito 1558 que también describe; abp):

Primer Sol, Matlactli Atl; duró 4008 años. Los que vivían entonces comían maíz de agua llamado atzitzintli. En esta edad llamada Tzontliiztac, “Cabeza o cabellos blancos”, vivieron los gigantes Tzocuiliceque. El Sol fue destruido por agua en el signo Matlactli Atl10 agua”. Se llamó Apachiohualiztli, “inundación, diluvio”, arte o sortilegio de lluvia permanente. Los hombres se transformaron en peces. Unos dicen que se salvó una pareja. Nene y Tata protegidos en un ahuehuetl “árbol viejo que vive junto al agua”; y otros comentan que fueron siete parejas que se escondieron en una cueva de la que salieron cuando hubo terminado el diluvio y bajaron las aguas. Ellos repoblaron la tierra y fueron adorados como dioses en sus naciones. La diosa que presidió esta Era fue Chalchiutlicue, “La de la falda de jade”.

Segundo Sol, Ehecoatl: duró 4010 años. Los que vivían entonces se alimentaban de frutas silvestres llamadas acotzintli. El Sol fue destruido por Ehecoatl, “Serpiente de Viento” y el hombre de tanto alzarse y girar se convirtió en mono. Esto aconteció en el año Ce ltzcuintli, “Uno Perro” De esta destrucción escaparon un hombre y una mujer en una peña. Este tiempo se llamó Tzoncuztlique, “Edad de Oro”. Presidió Ehecatl, Dios del Viento.

Tercer Sol. Tlequiyahuillo: duró 4081 años. Los hombres, descendientes de la pareja que se salvó del Segundo Sol, se alimentaban de una fruta llamada tzincoacoc. Fue destruido por el fuego el día Chicnahui Ollin, “9 terremoto”. Esta edad recibió el nombre de Tzonchichiltic, “Cabeza roja”. Presidió Xiuhtecuhtli, Dios del Fuego.

Cuarto Sol, Tzontlilic: se inició hace 5026 años (el comentarista refiere que fue por 5042). Esta edad, en la que tuvo principio Tula, se llamó Tzontlilic, “Cabellos negros”. Los hombres murieron de hambre tras una lluvia de sangre y de espanto. El dios Citlaltonac, “Vía Láctea” envió un embajador a ver a Chimalman, virgen que tenía dos hermanas, Xochitlicue y Coatlicue quienes murieron de espanto al ver al mensajero del dios; éste le anunció que debía concebir un hijo, lo cual sucedió después de barrer su casa. Su hijo, fue Topiltzin Quetzalcóatl. “Dios del Viento” y cuyos templos eran redondos. Las deidades que presidían fueron Citlaltonac y Xochiquetzal.

En su diccionario de Mitología Náhuatl, Cecilio Róbelo dice que Quetzalcóatl y Huitzilopochtli formaron el fuego, del cual sacaron un medio sol que por no ser entero alumbraba poco. Este fue el Primer Sol o Edad.

Viéndolo poco servible, Tezcatlipoca lo tomó y se encargó de completarlo.

Trece ciclos o 676 años duró este segundo período. Para destruirlo. Quetzalcóatl, con un bastón, dio un golpe a Tezcatlipoca derribándole del cielo al agua para ponerse en su lugar en calidad de Sol. Al caer, Tezcatlipoca se convirtió en tigre, la Osa Mayor que sube al cielo para descender en seguida el mar. Este dios y los tigres se comieron a los gigantes.

Transcurridos otros trece ciclos o 676 años, el gran tigre Tezcatlipoca dió una coz al sol Quetzalcóatl, quien en su caída produjo un viento tan fuerte que arrastró con los macehuales y sólo aquellos que pudieron salvarse se convirtieron en monos. Después fue Tláloc el que se colocó como Tercer Sol, durante 364 años, al fin de los cuales Quetzalcóatl hizo llover fuego del cielo, y como sol, en lugar de Tláloc puso a Chalchiuhicueye, “La de la falda de esmeraldas”, quien permaneció durante 312 años; las aguas produjeron un diluvio sobre la tierra, los cielos perdieron su equilibrio, se derrumbaron sobre el cipactli.

Sobre esta destrucción dice el mito que... “Para reparar semejante catástrofe los dioses, en el año 1 tochtli, después del diluvio, crearon cuatro hombres... penetraron por debajo de la tierra, hicieron cuatro horadaciones hasta salir a 1a superficie superior; Tezcatlipoca se volvió el árbol tezcacuahuitl (árbol espejo), Quetzalcóatl el árbol quetzalhuexoch (sauce hermoso), y hombres, árboles y dioses levantaron los cielos, sustentándolos firmes con las estrellas en forma que ahora están. En premio de aquella acción, el Tonacatecuhtli (El Señor de Nuestra Carne, primera divinidad) hizo a sus hijos señores de cielos y estrellas, y el camino celeste que recorrieron Quetzalcóatl y Tezcatlipoca lo marca la Vía Láctea.:. (Los cuatro hombres a los que se refiere son Atemoc, Itzacoatl, Itzmaliya y Tenoch)”

 (DIOSES PREHISPÁNICOS DE MÉXICO, Adela Fernández, Edit. Panorama, Méx., págs. 20-23)

EL NACIMIENO DEL QUINTO SOL

Nuevamente transcribimos dos descripciones de los mismos autores sobre este importante mito:

“Destruido el sol Nahui Atl, 4 agua, los dioses se reúnen en Teotihuacan, “Lugar donde se hacen dioses”, y en la junta, inquietos se cuestionan sobre quién ha de ser el nuevo sol. En la oscuridad aún estremecida por el reciente caos, sólo brilla la fogata sagrada (sub. ab), materialización de Huehueteotl, “Dios del Fuego” que da principio a la vida.

“Habrá que sacrificarse, que arrojarse a la hoguera –dicen- sólo así habrá sol” ¿Quién ha de sacrificarse? -se preguntan-, y en largo tiempo nadie se atreve. Se ofrece Nanahuatzin, “Dios Buboso”, el enfermo, el lleno de pústulas, y no lo hace por ambición de brillar sino por su capacidad de sacrificio. Entonces se ofrece también Tecciztecatl, “Señor de los caracoles” el soberbio, ávido de resplandor. Juntos avivan el fuego en la peña que hoy se llama Teutexcalli y por cuatro días hacen penitencia y ofrendan. Nanahuatzin, humilde, ofrece cañas verdes atadas de tres en tres hasta formar nueve hatos, bolas de heno, espinas de maguey teñidas con su sangre, ofrece sus pústulas; Tecciztecatl ofrenda manquetzalli (plumas ricas), pelotas de oro, espinas de coral y copal muy bueno. Finalmente se viste con sus mejores aderezos, hermoso lienzo cubre su cuerpo y el aztacomitl, bello plumaje decora su cabeza; Nanahuatzin en cambio se pone un amatzontli, tocado de papel, y del mismo material lleva su maxtli (braga) y su estola. De pie frente al fuego y las hileras de dioses expectativos, están dispuestos al sacrificio. Tecciztecatl lo intenta pero se arrepiente, acomete cuatro veces pero el miedo lo retrae. Nanahuatzin decidido se arroja al centro de la lumbre. Su impacto es llamarada. Envidioso, Tecciztecatl se anima y se avienta también pero sólo cae a un costado del fuego, sobre las cenizas. Lentamente se consumen y larga es la espera de los dioses hasta que el cielo se enrojece, pletórico de alba. Por el oriente aparece la esfera del sol, incandescente en su redondez, vitalizadora y luego la luna que hiere con su blancor. Ambos tienen al mismo grado de intensidad; “¿Estará bien que los dos anden a la par?” -Se preguntan los dioses- ¿Será correcto que brillen de igual manera?”. Y uno de ellos le avienta un conejo a Tecciztecatl oscureciéndole la cara. Ahí están pero no avanzan, su estatismo niega la vida y esto mucho preocupa a los dioses. Es necesario que se sacrifiquen todos para crear el movimiento. El viento, Ehecatl asume la tarea de darles muerte y uno a uno los va matando. Xólotl, perro monstruoso gemelo o altar ego de Quetzalcóatl se niega a morir y huye, se esconde entre los maizales y se convierte en pie de maíz que tiene dos cañas; acosado de nuevo huye entre el agaval y se muda en maguey de dos cuerpos y por eso se le llama mexolotl y ha de ser dios de los gemelos, de los bicéfalos y de todo lo que se duplica; es descubierto y de nuevo se fuga, se mete al agua y se transforma en pez monstruoso, axolotl y ahí lo atrapa y le da muerte. Es el ultimo en morir, pero de nada sirve el holocausto de los dioses, Sol y luna permanecen estáticos. El viento zumba, ventea reclamante y pone al sol en movimiento, que avanza, se desplaza con rítmica luz, cruza su camino y se guarda en su casa. Sopla de nuevo el viento y la luna comienza su andar. De esta manera se sucede el uno al otro y así salen en diversos tiempos, el sol en su camino diurno y la luna en la noche alumbran en ella.

Los mitos son a veces la interpretación o alegoría de acontecimientos históricos, de revoluciones de tipo social o religiosas (sub. ab). Según Orozco y Berra el suceso conmemorado en el mito tolteca, es la dedicación de las pirámides de Teotihuacan al sol y a la luna. Este centro, consagrado a los antiguos dioses, existía con sus pirámides desde los tiempos más remotos; era un santuario venerado en que eran adorados los animales, una de las concepciones más bajas en las religiones inventadas por los hombres. Los toltecas, aunque deístas, admitían el culto de los astros del día y de la noche, ni les era desconocido el fuego simbólico y a fuerza de conquistadores o por civilizados, impusieron sus creencias en la ciudad santa; los dioses antiguos fueron derrocados de sus altares, y se ostentó la imagen del sol sobre el Tonatiuh Iztacual y la de la luna su compañera, en el Meztli Iztacual. El hecho importaba la pérdida de la religión primitiva y la sustitución del culto extranjero. Vencidos y vencedores tenían empeño en perpetuar el recuerdo”

Con la interpretación de Orozco y Berra se entiende bien el holocausto de todos los dioses quienes mueren para dar nacimiento a una nueva era. Sabemos también que los dioses tienen el don de morir y renacer, de transformarse, de parirse a si mismos ya sea para recobrar sus manifestaciones antiguas o para reaparecer en nuevas formas. Son mutantes por excelencia.

 Cecilio A. Rebelo apoya el punto de vista de Orozco y Berro, entendiendo que la llamada asamblea de los dioses no es otra cosa que la junta de los sacerdotes que los representan y del pueblo que les rinde culto. Tecciztecatl es aquel de la casta sacerdotal, rica y poderosa; Nanahuatzin es el pueblo pobre que admite ansioso ser regenerado por la nueva civilización (sub. ab), y por eso éste sin dudas coloca en la pirámide la imagen del sol; y aunque con titubeos y siguiendo su ejemplo, el irresoluto sacerdote lleva a la luna a su asiento. El mito además cuenta que cruzaron por el fuego del holocausto un águila y un tigre. La primera, en el pico llevó al cielo al astro del día, y el tigre transporto a la compañera de la noche. Por eso los guerreros cuautlí y ocelotl son los caballeros del ejército. Puede ello significar una guerra necesaria para la modificación de los cánones religiosos. El Conejo arrojado a Tecciztecatl marca el signo del año del acontecimiento. El estatismo inicial de los astros significa que el culto no progresa y que se vuelve necesario el viento, la predicación. Cuando los nuevos númenes ganan prosélitos, los antiguos dioses desaparecen. En Xólotl y sus transformaciones se advierte de lo artificiosos que pueden ser los dioses desplazados, porque desde su ostracismo añorarán su imperio perdido.

Quinto Sol, Ollin Tonatiuh, es nuestra Era. Activado por la evolución espiritual de los hombres, floreciente de entre los soles muertos, es comienzo y trayectoria En él, los principios fundamentales tienen un determinado tiempo de predominio y receso (ab): se sucedan los días y las noches, hoy atados de días, se suceden los meses y los años y los ciclos, por eso se llama Ollin Tonatiuh, Sol de Movimiento; el calendario es su rostro y su sangre. Diariamente la lucha contra las tinieblas y acumula victorias con su emergencia en el cielo, pero ha de perecer por un terremoto: será tragado por la tierra. Pereceremos.” (DIOSES PREHISPANICOS DE MEXICO. Adela Fernández. Ed. Panorama, Méx., págs. 24-29).

Vamos a ver ahora la versión e interpretación de León-Portilla con un agregado en el que extrae algunas de las categorías fundamentales de la filosofía náhuatl y de la cultura del Anáhuac en general:

“El manuscrito publicado por Paso y Tronco -narra todos los preliminares de la creación del quinto Sol (ab). Incluyendo el viaje de Quetzalcóatl al Mictlan (región de los muertos) para obtener huesos de hombres y llevar a cabo su nueva formación. Encontramos también otro mito de hondo simbolismo en el que se narra el hallazgo del maíz, el cereal básico de América que es dado a Quetzalcóatl por la hormiga que lo tenía escondido en el monte de nuestro sustento.

Los informantes de Sahagún (Códice Matritense del Real Palacio, vol. VI. fol. 180 y ss.) refieren también la creación del quinto sol en Teotihuacan, donde Nanahuatzin “el bubosillo”, en competencia con el arrogante Tecuciztécatl se arrojó valerosamente a la hoguera y se convirtió en Sol... ¿Este Sol, su nombre 4 movimiento, éste es nuestro Sol, en el que vivimos ahora.’ Tal colmo lo dice el texto, puede también verse esto mismo en la maravillosa piedra del Sol, donde la figura central representa el rostro de Tonatiuh (Sol), dentro del signo 4 movimiento (nahui Ollin) del Tonalámatl.

Con este quinto Sol hace su entrada en el pensamiento cosmológico náhuatl la idea del movimiento (sub. ab), como un concepto de suma importancia en la imagen y destino del mundo.

“y aquí está su señal, cómo cayó en el fuego del Sol, en el fogón divino, allá en Teotihuacan.”

Se alude al ya mencionado mito de la creación del quinto Sol en Teotihuacan, cuando los dioses (fuerzas cósmicas, hijos de Ometeotl), logrando una cierta armonía, deciden crear una vez más un Sol.

La figura de Nanahuatzin -el bubosillo-, que atrevidamente se arroja al fuego para convertirse en Sol, implica ya desde un principio la raíz más oculta del futuro misticismo azteca: por el sacrificio existe el Sol y la vida (ab); sólo por el mismo sacrificio podrán conservarse. Copiamos aquí tan sólo los momentos culminantes del drama de la creación del quinto Sol como los trasmite Sahagún:

“Llegada la media noche, todos los dioses se pusieron en derredor del hogar que se llamaba Teotexcalli. En este lugar  En este lugar ardió el, fuego cuatro días…luego hablaron dijeron a Tecuciztécatl “¡Ea, pues, Tecuciztécatl, entra en el fuego!” Y él luego acometió para echarse en él el fuego era tan grande y estaba muy encendido, sintió gran calor hubo miedo, y no osó echarse en el, volvióse atrás... De que hubo probado cuatro veces, los dioses luego hablaron a Nanahuatzin, y dijéronle: ¡Ea, pues, Nanahuatzin, prueba tú!; y como le hubieron hablado los dioses, esforzóse y cerrando las ojos, arremetió, y echóse en el fuego, y luego comenzó a rechinar y respendar en el fuego como quien se asa. Como vió Tecuciztécatl, que se había echado en el fuego
y ardía, arremetió y echóse en le hoguera... Después que ambos se hubieron arrojado en el fuego, y, que se habían quemado, luego los dioses se sentaron a esperar a qué parte vendría a salir el Nanahuatzin. Habiendo estado gran rato esperando, comenzóse a poner colorado el cielo, en todas partes apareció la luz del alba. Dicen que después de esto los dioses se hincaron de rodillas para esperar por donde saldría Nanahuatzin echo Sol; miraron a todas partes volviéndose en derredor! más nunca acertaron a pensar ni a decir a qué parte saldría, en ninguna cosa se determinaron: algunos pensaron que saldría de la parte norte, paráronse a mirar hacia él: otros hacia medio día, a todas partes sospecharon que había de salir; porque por todas partes había resplandor del alba; otros se pusieron a mirar hacia el oriente, y dijeron aquí de esta parte ha de salir al sol. El dicho de éstos fue verdadero; dicen que los que miraron hacia el oriente fueron quetzalcóatl, que también se llama Ecatl, y otro que se llama Tótec… y cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado, y que contoneaba de una parte a otra, y nadie lo podía mirar, porque quitaba la vista de los ojos, resplandecía, y echaba rayos de sí en gran manera, y sus rayos se derramaron por todas partes...”

“El quinto sol 4 movimiento su signo, se llama Sol de movimiento porque se mueve, sigue su camino, y como andan diciendo los viejos, en él habrá movimientos de tierra, habrá hambre y con esto pereceremos”.

Se alude continúa León-Portilla- en la línea 41 a lo que nos refieren también los informantes de Sahagún (Códice Matritense del Real Palacio, ed. facs., vol. VI, vol.187), que al principio el quinto Sol no se movía: entonces dijeron los dioses, ¿cómo viviremos? ¡No se mueve el Sol! Para dar le fuerzas se sacrificaron los dioses y le ofrecieron su sangre. Por fin sopló el viento y moviéndose, siguió el Sol su camino”.

En la línea 42 se anuncia al fin de la poca actual por un terremoto que, según lo muestra la fecha esculpida en la piedra del Sol, tendrá precisamente lugar en un día 4 movimiento.

Tal era la antigua -prosigue el autor- concepción náhuatl de las varias edades o tiempos en que fue cimentada la tierra. Una rápida mirada retrospectiva nos permitirá descubrir en ella, haciendo a un lado lo puramente mitológico, las que llamaremos categorías cosmológicas nahuas.

La primera y más importante es la exigencia lógica de fundamentación de los mundos, idea que responde a la pregunta concebida por los tlamatinime sobre qué es lo que hace estar a las cosas “en pie”. El pensamiento náhuatl sólo tiene por verdadero (nelli)  aquello que está cimentado en algo firme y permanente: con raíz (nel-hua-yotl) Y lo único verdaderamente cimentado en sí mismo es Ometeotl, el principio ambivalente, origen y sostén de las fuerzas cósmicas (sus hijos, los dioses). Por esto, aunque Ometeotl existe originalmente en la dimensión superior del Omeyocan, en el treceavo cielo para dar sustento al mundo, está también en su ombligo o centro. Las cosas, particularmente el mundo, son entonces Tlamamanca: resultado de la acción fundamentadora de Ometeotl

Otra categoría, igualmente clave, es la que enmarca estas fundamentaciones del mundo en una serie de ciclos. La tierra cimentada por Ometeotl no es algo estático. Sometida al influjo de las fuerzas cósmicas, viene a ser el campo donde éstas actúan. Cuando se equilibran, existe una edad, un Sol. Entonces es cuando vivan los macehuales. Más, pronto, en un tiempo determinado desaparece el equilibrio y sobreviene un cataclismo. Parece como si Ometeotl retirara su apoyo a la tierra, Y sin embargo, como una prueba de que en el fondo su acción permanece, se descubre a través da los varios ciclos u edades un principio latente de evolución, que culmina, en el caso particular de las plantas alimenticias, con la aparición del maíz.

Ligada con esta idea de los ciclos del mundo de los cuatro elementos la “Historia de los Mexicanos” po los hijos de Ometeotl. Los tigres, monstruos de la tierra, el viento, el fuego y el agua, por sorprendente paralelismo, vienen a coincidir con las cuatro raíces o elementos (ritsómata) de todas las cosas, hipótesis ideada por el filósofo griego Empédocles y comunidada al pensamiento occidental a través de Aristóteles. Atinadamente señaló así Seler las relaciones existentes entre los períodos cósmicos y los cuatro elementos:

Estas cuatro diferentes edades prehistóricas o precósmicas de los mexicanos, orientadas cada una hacia un distinto rumbo del cielo, se hallan maravillosamente ligadas con los cuatro elementos conocidos por la antigüedad clásica y que constituyen hasta ahora la base del modo de ver la naturaleza de los pueblos cultos del oriente asiático, o sea, agua, tierra, aire y fuego.

Sólo que entra los nahuas estos elementos no son principios astáticos que se descubren por un análisis teórico o por la alquimia, sino que aparecen por sí mismos como las fuerzas cósmicas fundamentales que irrumpen violentamente, desde los cuatro rumbos del universo, en el marco del mundo.

Y con esto encontramos otras dos categorías del pensamiento náhuatl la de los rumbos del universo y la de la lucha. El universo está dividido en cuatro rumbos bien definidos, que coincidiendo con los puntos cardinales, abarcan mucho más que éstos, ya que incluyen todo un cuadrante del espacio universal: el oriente, país del color rojo, región de la luz, su símbolo es una caña que representa la fertilidad y la vida; el norte, región de los muertos y del color negro, lugar frío y desierto que se simboliza por un pedernal; el oriente, región del color blanco, país de las mujeres, su signo es la casa del sol; y por fin el sur, designado como la región azul, a la izquierda del sol, rumbo de carácter incierto que tiene por símbolo al conejo, que coma decían los nahuas. “nadie sabe por dónde salta”.

En este universo así dividido en cuadrantes, es donde se desarrolla una lucha que parece interminable entre las cuatro fuerzas cósmicas. Coda uno de los cuatro elementos (los hijos de Ometeotl) tiende a prevalecer. Bellamente, con al lenguaje del mito, expresa esto la “Historia de los Mexicanos” diciendo que. Tezcatlipoca por ser dios se hacía tigre, como los otros sus hermanos (también) lo querían. Y así en un combate que se desarrolla en cada uno de los soles desde los cuatro rumbos del mundo y por medio de una oposición de elementos, se va desenvolviendo por ciclos la historia del costal como lo vieron los nahuas.

Cinco son pues, las principales categorías cosmológicas que se implican en la narración de los soles:

1) Necesidad lógica de fundamentación universal;

2) Temporalización del mundo en edades o ciclos;

3) Idea de los elementos primordiales;

4) Espacialización del universo por rumbos o cuadrantes, y

5) Concepto de lucha como molde para pensar el acaecer cósmico.

(FILOSOFIA NAHUATL, M. León-Portilla, UNAM, Méx., págs. 108-112).